En fresco o precompostado, dos formas de alimentar
¿Qué sistema de alimentación sigues en tu vermicompostador, restos frescos o precompostados?
Son muy frecuentes en nuestro centro de soporte preguntas como: ¿qué sistema de alimentación es mejor en el vermicompostaje doméstico? ¿Cómo alimento a mis lombrices de california, con restos frescos o con restos compostados? ¿Cuál de los dos sistemas es mejor? ¿Qué tengo que tener en cuenta a la hora de guardar su comida?

Partimos de que la alimentación está basada en el reciclaje de los residuos orgánicos de casa, aunque el tema de esta guía se podría trasladar sin muchos matices al vermicompostaje industrial con estiércol o con otros residuos agrícolas.
En cualquiera de los casos vamos a poder optar por dos tipos de alimentación, fresca y precompostada.
Pero antes, fíjate que el término que utilizamos es de alimento precompostado y no el de alimento compostado. Y es que como regla básica hay que añadir este alimento en una fase temprana del compostaje, por ser cuando más activos están los microorganismos descomponedores que necesitan nuestras lombrices rojas de california.
En un material compostado y estabilizado poco alimento encontrarían nuestras pequeñas e incansables amigas, y esto redundaría entre otras cosas en una baja capacidad de porte, o lo que es lo mismo, en la cantidad de lombrices que puede albergar ese alimento.
Si utilizas este sistema y no consigues que tu vermicompostador vaya a tope, quizás este es uno de los motivos.
¿Mejor? ¿Peor?
Como existen detractores y seguidores de ambos sistemas, en esta guía vamos a tratar de explicar su manejo para que cada uno se adapte al que mejor le convenga, aun teniendo en cuenta que en realidad no dejan de ser sistemas complementarios. Pero antes vamos a repasar unos conceptos básicos que son comunes para ambas dietas.
Para ponernos en situación recuperamos una frase de la guía de alimentación. Si no la has leído, te recomendamos que lo hagas.
Nota: no se trata de una guía de qué comen las lombrices, más bien de cómo ponérselo y, lo más importante, cómo, por qué y con qué se debe mezclar. Te aseguro que si no lo estás haciendo así y lo pones en práctica, con esta clave verás un antes y un después muy distintos en tu vermicompostador.
«Estructurar los restos frescos con secos nos facilita lo necesario para nuestras lombrices y es la base de todo»
Y es que es así, y sin cumplir esto no tardaremos en tener problemas.
Tanto el vermicompostaje como el compostaje son biotecnologías que transforman residuos y subproductos orgánicos al generarse procesos bio-oxidativos mediante la actividad de microorganismos, o micro y macroorganismos en el caso del vermicompostaje. Para que todos estos procesos físico-químicos se puedan producir y para que los micro y macroorganismos se puedan desarrollar necesitamos unas determinadas condiciones:
- Oxígeno, que conseguiremos con la adecuada mezcla de residuos secos con frescos, logrando así un sustrato mullido capaz de retener aire.
- Proporciones adecuadas de carbono/nitrógeno: si tenemos en cuenta que los restos secos son ricos en carbono y los frescos en nitrógeno, lo conseguiremos mezclando ambos tipos de restos.
- Humedad: tanto en defecto como en exceso afecta al proceso, ya que con mucha humedad desaparece el aire y con poca entran en estado de latencia tanto lombrices como microorganismos, deteniendo o al menos ralentizando el proceso. El exceso producido por los restos verdes o frescos se controla gracias al aporte de los restos secos, que serán los encargados de absorberlos. Pero ten en cuenta que en el vermicompostaje, a diferencia del compostaje, manejamos un nivel superior de humedad: mojado pero sin chorrear.
No hay necesidad de extendernos más en esto, pero sí hay que tener presentes y claros estos conceptos para entender que la clave del proceso está en la correcta proporción de restos secos, uses el sistema que uses.
Ahora bien, las lombrices se alimentan por succión y, aunque comen directamente algunos tipos de restos, para otros necesitan primero la acción de microorganismos que los vayan degradando.
Entonces, ¿qué es mejor, fresco o precompostado?
Los dos sistemas son válidos y, como ya hemos comentado, incluso complementarios. Dicho esto, estableceremos como regla básica que en las alimentaciones en fresco no se deben hacer grandes aportes, mientras que si utilizamos el método de precompostaje dichas aportaciones podrían ser mayores, ya que los restos habrán alcanzado un nivel ligeramente superior de estabilidad y con él disminuye el riesgo de fermentaciones.
Los detractores de la alimentación en fresco dicen que al añadir directamente los restos frescos lo normal es que estos suelten mucho líquido y termine formándose una pasta anaerobia, convirtiéndose en un alimento inestable. Por no hablar de fluctuaciones del pH, fermentaciones, elevaciones térmicas y gases tóxicos para las lombrices originados por estos motivos.
Obviamente eso solo ocurrirá si pensamos que un vermicompostador es un cubo de basura donde tirar los restos sin control. Si ese es tu sistema, ya te puedes ir despidiendo de tus lombrices.
La respuesta corta
Ninguno de los dos sistemas es mejor que el otro: lo que decide el resultado no es el sistema, es la proporción de material seco y el tamaño de cada aporte.
- En fresco: aportes pequeños y frecuentes, siempre estructurados con seco, y sin cubrir de golpe toda la superficie.
- Precompostado: aportes mayores, con el material en fase temprana del compostaje —nunca ya estabilizado, o no encontrarán qué comer.
Y los dos se pueden combinar sin ningún problema. De hecho es lo que acaba haciendo casi todo el mundo: fresco en el día a día, y precompostado cuando toca ausentarse o cuando se acumula material de golpe.
Sigue por aquí
- Aprendiendo a alimentar a las lombrices — cuánto, cada cuánto y con qué mezclarlo. Es la guía larga de este mismo tema.
- Guía básica de vermicompostaje — la lista de lo que sí y lo que no pueden comer.
Si te vas de vacaciones o necesitas reponer, en mantenimiento tienes el alimento seco y los minerales.